A mí con los realities me pasa una de estas dos cosas: o los ignoro por completo o me engancho a ellos desarrollando niveles de fanatismo casi surrealistas. Llevado por la fiebre de OT, llegué a formar parte de la junta directiva del club de fans de Juan Camus, viajé a Zaragoza para ver actuar a Daniel Zueras en su ciudad natal durante la gira OT5 y hasta me fui al Festival de Eurovisión de 2004 en Estambul con el club de fans de Ramón, además de ir a firmas de discos abarrotadas de adolescentes histéricas y pasar por más de una decena de conciertos de triunfitos en salas de muy variado pelaje. La inversión en discos malos y sms absurdos -aparte de la fama de friki- se ve compensada con las miles de horas de diversión, la decena de buenos amigos que he hecho en ese tiempo y el Diegazo que me encontré en Portalmix.
De hecho, mi vida internáutica como ace76 comenzó en Muchagente, en los tiempos de la segunda edición de Gran Hermano. Nunca lo había pensado, pero quizás este blog existe gracias a Kaiet.
De todas formas, creía que a estas alturas ya estaba inmunizado contra esta enfermedad. Las islas de los famosos me aburren soberanamente, ya que nadie igualará los niveles de refinada maldad de Francesca en la segunda edición de Supervivientes. Los PekinExpress, Granjas, Factores X, Batallas de los Coros, Cocinas del Infierno o Casas de tu Vida nunca me han llamado mucho la atención. Hasta que llegó “Fama” y, sobre todo, “Fama2″. No empecé a ver esta segunda edición del programa de bailes y lágrimas hasta después de las vacaciones de Navidad. Y todo porque vi a este hombretón llorando en una clase de lírico con Marbelys.

Que un muchachote murciano que trabaja de gogo en un bar y que sólo ha bailado “en un parque” se ponga a dar piruetas líricas y no lo haga mal del todo es la piedra filosofal de todo reality: ver progresar a alguien con un potencial que se hubiera desperdiciado si no llega a existir ese programa de televisión. Sin la televisión, Rosa estaría cantando en bodas, bautizos y comuniones, Soraya seguiría siendo azafata de medios vuelos y Raquel HH nunca habría sido Supermodelo. Y si a esto le añades una historia de amor y odio con su pareja, esa bailarina fría y perfecta llamada Raquel, el resultado es irresistible. En los foros de Cuatro y en los vídeos de Youtube los famáticos diseccionan cada mirada, palabra, gesto que se hacen en busca de una posible historia de amor. Evidentemente, todo es delirio del televidente, pero es que hacen tan buena pareja… y son tan guapos… ¿Y acaso no terminaron juntos Ángel y Sabrina?

Así que ayer, cuando Cisco se enfrentó a Ginés en el reto decisivo, Internet estaba alterado y yo también. Y eso que lo previsible era que se quedara el murciano, pero uno nunca puede confiar del todo en un programa de televisión. Que Cisco sea un tronco inexpresivo que sólo sabe hacer cuatro truquitos de B-Boy podía ser un detalle que el jurado pasara por alto. Pero no, triunfó la lógica -sobre todo cuando Cisco se puso a girar como una peonza borracha y mandó su futuro en el programa a la basura-, el murciano desgarrado seguirá bailando en la Academia y yo podré seguir distrayéndome hasta que Diego termine los exámenes.
Todo esto hace que el hecho de que sea un programa de baile quede en un segundo plano. Quizás este año bailan peor, o los coreógrafos se esfuerzan menos, pero la culpa, en el fondo, es de la audiencia. El lunes tuvo que abandonar el programa Carol, a quien todo el mundo consideraba una de las mejores bailarinas de la escuela, aparte de ser una de las chicas más simpáticas de un programa lleno de víboras ingenuas. La audiencia prefirió salvar a sus tres compañeros de nominación, bailarines notablemente inferiores. Cisco es guapo y Yurena ha conseguido arrastrar a las masas, que también salvaron a su compañero, Muni (verle bailar es como ver bailar a un pitufo), para evitarle pasar por un reto que, posiblemente, hubiera perdido la canaria. Así es la televisión y estas son las normas del concurso. Justicia y reality no suelen ir unidos. De todas formas, todos sabemos que la fama televisiva es fugaz y que al final cuenta más el talento… y la suerte. Y si no, que se lo digan a Mai Meneses.