Lo reconozco: me gusta Facebook.
La verdad es que cuando me lo abrí, hace unos meses, sólo conocía a una persona que tuviera uno. No sé de qué me sorprendo, si ella siempre va por delante en todo. Ahora ya me acerco peligrosamente a la cifra de los cien amigos. De todas formas, creo que con estas redes sociales ha surgido un nuevo tipo de amistad que podríamos definir “caramigo”, termino que denominaría a seres que se cruzaron en algún momento en tus vidas, preferiblemente en algún recinto cerrado como un colegio, universidad, escuela u oficina siniestra, y de los que ahora solo conoces sus fotos, alguna frase ingeniosa (o no) suelta y sus estados de ánimo recurrentes. Con algunos llevas años sin cruzar una palabra. De hecho, a algunos ni los echabas de menos. Es más, algunos incluso te caían mal. Pero… seamos sinceros y malvados, ¿quién se resiste a comprobar, a un golpe de ratón, cómo los estragos del tiempo y de la alopecia han convertido en señores a algunos guaperillas de tercera que te miraban por encima del hombro? Sí, estoy hablando de alguien en concreto. No, no le he agregado como amigo. Antes muerto. Pero me alegro de comprobar que la vida se ha encargado de vengarse por mí… Risas estruendosas, rayos y relámpagos.
Eso sí, Facebook es más cotilla que el Tomate y no se calla ningún secreto. Bodas, nacimientos, fotos de bebés sonrosados, salidas inesperadas del armario, maquillajes equivocados, poses haciéndose el interesante, la confirmación de que todo el mundo ha ido a Nueva York o a Londres, autofotos seductoras en el espejo, fanatismos inesperados, cambios radicales y todas las opciones que se os ocurran. De hecho, sospecho que abrir algunos perfiles y aceptar algunas amistades es más peligroso que romper los sellos del Libro de las Revelaciones.
Pero como yo soy un chico 2.0, he decidido que ya era hora de tener una mascota 2.0. A partir de ahora, Flauta tiene su página en Facebook. Él también es otra figura pública, no? Aunque sea un tanto “underground”. O mejor dicho, “upperground”, que él sólo ha pisado el suelo en muy contadas y dramáticas ocasiones.